Las defensas pueden estar agotadas en Enfermedad Renal Cónica
Cuando los riñones están enfermos, una infección “simple” puede no ser tan simple
Un resfriado, una infección de orina, una tos que no se quita, fiebre baja, cansancio fuera de lo normal. Muchas veces estos síntomas parecen problemas pasajeros. Sin embargo, en una persona adulta mayor que vive con enfermedad renal crónica, una infección aparentemente sencilla puede avanzar con más rapidez y convertirse en un problema serio.
La enfermedad renal crónica no significa solamente que los riñones filtran menos. También significa que el cuerpo vive con más inflamación, más fragilidad metabólica y menor capacidad para responder bien ante ciertas agresiones. Entre esas agresiones están las infecciones.
Por eso, cuando una persona tiene enfermedad renal crónica en etapa 3, 4 o 5, especialmente si además tiene diabetes, hipertensión, anemia, edad avanzada o antecedentes de hospitalización, no conviene esperar demasiado ante síntomas que persisten o empeoran.
El riñón enfermo y las defensas del cuerpo
Los riñones ayudan a limpiar la sangre. Cuando su función disminuye, se acumulan sustancias que el cuerpo ya no elimina con la misma eficacia. Ese ambiente interno puede alterar la respuesta del sistema inmunológico.
Dicho de forma sencilla: el cuerpo puede estar inflamado, pero al mismo tiempo defenderse peor.
Esto parece contradictorio, pero es muy importante. Una persona con enfermedad renal crónica puede tener datos de inflamación en sus estudios de sangre y, aun así, no responder con suficiente fuerza contra una bacteria o un virus. Por eso algunas infecciones no se presentan de forma clara al inicio. A veces no hay fiebre alta. A veces sólo hay decaimiento, somnolencia, confusión, falta de apetito, tos leve o dolor urinario discreto.
En adultos mayores, estos cambios pequeños pueden ser la primera señal de una infección que está avanzando.
Un resfriado puede complicarse
En una persona sana, un resfriado común suele mejorar con reposo, hidratación y vigilancia. Pero en alguien con enfermedad renal crónica avanzada, una infección respiratoria puede bajar al pulmón y convertirse en neumonía.
La neumonía adquirida en la comunidad puede iniciar con tos, fiebre, flemas, dolor en el pecho o falta de aire. Pero en adultos mayores o pacientes renales, también puede manifestarse de forma menos evidente: cansancio intenso, respiración más rápida, confusión, debilidad para caminar, pérdida del apetito o sensación de “no estar bien”.
El problema no es sólo la neumonía. El problema es que una infección respiratoria puede descompensar la presión, la glucosa, el corazón, el equilibrio de líquidos y la función renal. En algunos casos, una infección puede precipitar una lesión renal aguda sobre una enfermedad renal crónica previa.
Por eso, en enfermedad renal crónica, no todos los cuadros respiratorios deben manejarse como “una gripa más”.
Una infección urinaria también puede avanzar
La infección de vías urinarias es otro ejemplo frecuente. Muchas personas piensan en la cistitis como una molestia menor: ardor al orinar, urgencia urinaria, dolor bajo en el abdomen o aumento de la frecuencia para ir al baño.
Pero en pacientes con enfermedad renal crónica, diabetes, próstata crecida, uso de sonda urinaria, cálculos, vejiga que no vacía bien o edad avanzada, una infección urinaria puede comportarse como una infección complicada.
Una cistitis puede subir hacia los riñones y convertirse en pielonefritis. Si la infección entra a la sangre, puede causar sepsis, que es una respuesta grave del organismo ante una infección.
La sepsis no siempre inicia de forma dramática. Puede comenzar con fiebre o escalofríos, pero también con presión baja, respiración rápida, somnolencia, confusión, debilidad extrema, disminución de la orina o deterioro súbito del estado general.
En estos casos, esperar puede ser peligroso.
Señales que no deben ignorarse
Una persona con enfermedad renal crónica debe buscar valoración médica si presenta fiebre persistente, tos que empeora, falta de aire, dolor en el pecho, flemas abundantes, ardor al orinar, dolor en la espalda baja, escalofríos, vómito, diarrea persistente, confusión, somnolencia, debilidad marcada o disminución importante de la cantidad de orina.
También debe valorarse si “no se ve grave”, pero algo no cuadra: más cansancio de lo habitual, menos apetito, caída reciente, desorientación, presión baja, glucosa descontrolada o hinchazón diferente a la habitual.
En medicina renal, muchas veces el dato más importante no es un síntoma aislado, sino el cambio respecto al estado habitual del paciente.
No automedicarse es parte del tratamiento
En enfermedad renal crónica, automedicarse puede complicar más el problema. Algunos antiinflamatorios pueden dañar la función renal. Algunos antibióticos requieren ajuste de dosis. Algunos medicamentos pueden acumularse cuando el riñón filtra menos. Incluso la cantidad de líquidos que una persona debe tomar puede variar según su corazón, su presión, su sodio, su potasio y su función renal.
Por eso, ante una infección, no basta con “tomar algo fuerte”. El tratamiento debe elegirse con cuidado.
Un médico internista y nefrólogo puede valorar no sólo la infección, sino también cómo esa infección está afectando al riñón, la presión arterial, el equilibrio de líquidos, los electrolitos, la anemia, la diabetes y los medicamentos que el paciente ya utiliza.
Prevenir también es cuidar los riñones
La prevención es una parte esencial del cuidado renal. Vacunarse cuando corresponde, tratar a tiempo las infecciones, vigilar los estudios de laboratorio, ajustar medicamentos y reconocer señales de alarma puede evitar hospitalizaciones.
La enfermedad renal crónica no siempre duele. Muchas veces avanza en silencio. Las infecciones, en cambio, pueden revelar de golpe la fragilidad que ya estaba presente.
Por eso, si usted o un familiar vive con enfermedad renal crónica etapa 3, 4 o 5, no espere a que una infección “se ponga fea” para buscar ayuda. Una valoración oportuna puede hacer la diferencia entre un tratamiento ambulatorio bien vigilado y una complicación que requiera hospitalización.
¿Cuándo acudir a consulta?
Acuda a valoración si tiene enfermedad renal crónica y ha presentado infecciones repetidas, infecciones que tardan en mejorar, cuadros respiratorios persistentes, infecciones urinarias frecuentes, hospitalizaciones previas por neumonía o sepsis, fiebre sin causa clara, deterioro del estado general o cambios recientes en sus estudios de creatinina, urea, filtrado glomerular, potasio, sodio o biometría hemática.
Como Médico Internista y Nefrólogo, puedo ayudarle a revisar su función renal, identificar factores de riesgo, ajustar sus medicamentos y establecer un plan de vigilancia para disminuir el riesgo de complicaciones.
Cuidar una infección a tiempo también es cuidar sus riñones

