Tu nefrólogo de cabecera

Nefrólogo Rodríguez

Ilustración minimalista de un médico con estetoscopio y corbata, con riñones en el centro.

Bicarbonato de sodio en enfermedad renal: información técnica para pacientes

1. ¿Por qué se indica?
La enfermedad renal reduce la capacidad para manejar el ácido que es un desecho producto del metabolismo de las carnes y otras proteínas. El bicarbonato corrige la tendencia a la acidosis metabólica leve (exceso de ácido en la sangre), lo que disminuye inflamación, pérdida de masa muscular y progresión de la enfermedad renal.

2. Evidencia disponible
Estudios clínicos han demostrado que mantener bicarbonato en sangre entre 22–26 mEq/L se asocia con un ritmo más lento de deterioro de la TFG (tasa de filtrado glomerular, que es la capacidad de los riñones de limpiar la sangre).
Principales referencias:

  • de Brito-Ashurst et al., JASN 2009.

  • Mahajan et al., Kidney Int 2010.

  • Goraya et al., CJASN 2013–2020.

3. Beneficios esperados

  • Estabilidad del pH sistémico (el nivel de acidez se mide por el pH)

  • Mejor control metabólico

  • Menor activación de vías inflamatorias

  • Potencial desaceleración de progresión de ERC (Enfermedad Renal Crónica)

4. Dosis y ajustes
La dosis habitual es 1 g cada 12 horas, ajustada según niveles séricos de bicarbonato y respuesta clínica. Cuando el bicarbonato de sodio se libera en el estómago, al mezclarse con el ácido produce espuma y gas que podría causar intolerancia. Debido a esto es importante seguir las indicaciones de tu nefrólogo de cuál es la mejor manera de tomarlo.

5. Señales de advertencia

  • Distensión abdominal severa

  • Náusea persistente

  • Cambios significativos en presión arterial

  • Sensación de retención de líquidos

  • Sensación de mucho gas en el estómago

6. Seguimiento
El control periódico permite ajustar dosis y mantener un equilibrio ácido-base óptimo.

Hierba del Indio para el riñón
Suplementos para bajar de peso no regulados

Hierbas Nefrotóxicas y Hepatotóxicas: Riesgos de Remedios Naturales en Latinoamérica

El uso de remedios herbolarios y suplementos “naturales” es sumamente común en todo el mundo, motivado por la percepción de que al ser de origen natural son seguros. De hecho, aproximadamente una quinta parte de los adultos en EE.UU. reportó utilizar algún producto herbario en su cuidado de la salud. Sin embargo, pocas hierbas han sido sometidas a ensayos clínicos rigurosos que demuestren su eficacia y seguridad, y la realidad es que sí se han documentado efectos adversos –incluyendo toxicidad renal y hepática– asociados a estos productos. En Latinoamérica la medicina tradicional tiene amplia aceptación cultural, con numerosas plantas empleadas en el manejo de enfermedades comunes. México, por ejemplo, es uno de los países megadiversos en flora medicinal (se han registrado unas 4,500 especies con uso terapéutico, el segundo país después de China). Aun valorando la importancia de la herbolaria tradicional, es vital informar con evidencia científica sobre ciertas hierbas, suplementos alimenticios y frutas exóticas cuyo consumo ha causado daño en riñones (nefrotoxicidad) o daño en hígado (hepatotoxicidad), especialmente en adultos con padecimientos crónicos. A continuación, presentamos una revisión profunda de hallazgos en los últimos 20 años –incluyendo estudios de cohortes, revisiones sistemáticas, ensayos clínicos, series de casos y reportes clínicos en inglés, español y portugués– sobre hierbas potencialmente tóxicas, con enfoque en Latinoamérica. El propósito es ofrecer la mejor información disponible, sin desacreditar la medicina tradicional, sino promoviendo un uso responsable e informado de estos remedios naturales.

Hierbas tóxicas comunes en Latinoamérica (y productos importados)

Varios productos herbolarios de uso popular en Latinoamérica –tanto plantas nativas como suplementos importados– se han implicado en toxicidad renal y hepática. Los mecanismos de daño pueden ser directos (por compuestos intrínsecamente tóxicos), indirectos (por adulterantes o contaminantes), por interacciones con fármacos o por efectos metabólicos inesperados. A continuación se describen ejemplos destacados:

  • Ácido aristolóquico (Aristolochia spp.) – Hierbas tradicionalmente usadas para “detox” o bajar de peso. Diferentes especies de Aristolochia (conocidas como matrícula, corderito, hierba del Indio, etc.) contienen ácido aristolóquico, un compuesto altamente nefrotóxico. La exposición prolongada produce una nefritis túbulo-intersticial rápidamente progresiva con fibrosis renal irreversible. Este cuadro, identificado primero en pacientes que consumieron hierbas chinas adelgazantes, se denominó “nefropatía por hierbas chinas” y conlleva deterioro de la función renal que puede avanzar a insuficiencia renal terminal. Además, la nefropatía por ácido aristolóquico se asocia a un riesgo elevado de cáncer urotelial (de vías urinarias) cuando la dosis acumulada supera los ~200 gramos. Aristolochia ha sido empleada en Latinoamérica; por ejemplo, en comunidades mayas de Yucatán se registró Aristolochia odoratissima entre las hierbas más usadas tradicionalmente, lo cual plantea preocupación dada la evidencia de nefrotoxicidad grave.

  • Suplementos para bajar de peso no regulados – La búsqueda de soluciones “naturales” para la obesidad ha popularizado productos comerciales en la región. Un caso notable son los batidos y pastillas de Herbalife®, cuya amplia distribución ha venido acompañada de múltiples reportes de lesión hepática aguda. Se han documentado más de 100 casos de hepatitis asociada al consumo de productos Herbalife en distintos países. Por ejemplo, médicos en Israel publicaron 12 casos de hepatitis tóxica por Herbalife (uno de ellos con falla hepática), con recurrencia de la lesión al reanudar el consumo. Investigadores en Suiza describieron 10 casos adicionales ese mismo año. Aunque el mecanismo exacto sigue investigándose, estos productos “naturales” han mostrado provocar desde elevación de enzimas hepáticas hasta hepatitis fulminante que requirió trasplante. Otro ejemplo son los populares suplementos de “raíz de tejocote” (Crataegus mexicana) y la llamada “semilla de Brasil” utilizados para adelgazar. En 2023-2025 la FDA de EE.UU. investigó varios de estos suplementos vendidos por Internet y halló que muchos en realidad contenían oleandro amarillo (Cascabela thevetia), una planta altamente venenosa. El oleandro contiene glucósidos cardiotóxicos que pueden causar síntomas neurológicos (convulsiones, letargo), gastrointestinales (vómitos, diarrea), cardiovasculares (arritmias, hipertensión) e incluso coma y muerte. De hecho, se reportó la intoxicación de un bebé de 23 meses cuya madre tomaba un suplemento de tejocote adulterado con oleandro. Esto ilustra el serio riesgo de productos milagro no regulados: pueden estar adulterados con compuestos peligrosos sin que el consumidor lo sepa.

  • Hierbas “tradicionales” con potencial tóxico – Muchas plantas originarias de Latinoamérica, pese a su arraigo cultural, contienen principios activos potentes. Por ejemplo, el chaparral (Larrea tridentata, conocido como “gobernadora”) se emplea como remedio para artritis, pero se asocia a hepatotoxicidad severa, habiéndose descrito casos de hepatitis fulminante por su consumo. El poleo (Mentha pulegium, menta poleo) usado como infusión para cólicos o como emenagogo, contiene pulegona, una cetona que en dosis altas provoca necrosis hepática aguda y falla hepática. Igualmente, la consuelda (Symphytum officinale, comfrey en inglés), usada como antiinflamatorio tópico o en té, contiene alcaloides pirrolizidínicos que causan daño hepático veno-oclusivo y pueden llevar a cirrosis; por ello está considerada entre las plantas inseguras para cualquier persona. Otras hierbas tóxicas tradicionales incluyen la ruda (Ruta graveolens, abortiva y hepatotóxica en altas dosis), el ajenjo (Artemisia absinthium), cuyas tuyonas son neurotóxicas y también pueden irritar el riñón, y el epazote (Chenopodium ambrosioides), usado como antiparasitario pero reportado en casos de intoxicación con daño hepático e incluso muertes (especialmente en niños). Estos ejemplos subrayan que “natural” no siempre equivale a “inofensivo”.

  • Frutas exóticas y suplementos botánicos importados – La globalización ha traído al mercado local productos vegetales de otras regiones cuyo perfil de seguridad no es ampliamente conocido. Un ejemplo es el noni (Morinda citrifolia), fruta polinesia comercializada como jugo funcional; aunque generalmente bien tolerado, se han publicado casos raros de hepatitis aguda por jugo de noni, posiblemente vinculada a sus antraquinonas. De igual forma, el té verde (Camellia sinensis) en extracto concentrado –promovido para adelgazar– ha causado hepatitis idiosincrásica en personas previamente sanas, con varios brotes de lesión hepática registrados en los últimos 15 años (p.ej., OxyElite Pro contenía extractos herbales que provocaron hepatitis fulminantes en 2013). La kava (Piper methysticum), raíz polinesia ansiolítica, también fue vinculada a fallos hepáticos graves, al punto de prohibirse su venta en algunos países. Asimismo, ciertas fórmulas de medicina tradicional china o ayurvédica han provocado nefrotoxicidad, ya sea por hierbas intrínsecamente tóxicas o por contaminación con metales pesados. Análisis de remedios asiáticos han encontrado plomo, mercurio y arsénico como contaminantes frecuentes; estos metales pueden inducir daño renal (por ejemplo, arsénico y mercurio pueden causar necrosis tubular aguda con fallo renal agudo) e incluso rabdomiólisis. También se han hallado fármacos ocultos en productos “naturales” –por ejemplo, antinflamatorios no esteroideos (AINEs) en cápsulas herbales para el dolor– lo cual expone al usuario a los efectos adversos clásicos de esos medicamentos (los AINEs son bien conocidos por su nefrotoxicidad e riesgo de úlceras). En resumen, no sólo las plantas locales sino también los suplementos importados conllevan riesgos si no pasan controles de calidad.

Caso especial: México – Uso popular y regulación

En México, la herbolaria forma parte importante de la atención de salud, conviviendo con la medicina alopática. El mayor consumo de medicina herbal se observa en comunidades indígenas rurales –por ejemplo, en estados como Nuevo León, Oaxaca, Veracruz, Yucatán y Chiapas– aunque su uso está extendido en toda la población. Históricamente, los remedios herbarios se expendían sin mayor control, pero en décadas recientes ha habido esfuerzos institucionales por estudiarlos y regularlos. En 1986, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) publicó un Diccionario de Medicina Tradicional Mexicana, y más recientemente la UNAM creó la Biblioteca Digital de Medicina Tradicional Mexicana, compendiando cientos de plantas medicinales utilizadas en el país. Sin embargo, persiste la falta de una clasificación sanitaria formal para muchas hierbas, y su venta suele realizarse como suplementos alimenticios o productos naturistas, fuera del marco de los medicamentos. Esto implica que no pasan por los mismos estándares de control de calidad, dosis y vigilancia poscomercialización que los fármacos convencionales.

En dicha biblioteca digital de la UNAM se hace referencia explícita a al menos siete plantas medicinales asociadas con hepatotoxicidad en reportes clínicos: Scoparia dulcis (“anisillo” o dulce amarga), Citrus aurantium (naranja agria o citrus aurantium usada para bajar de peso), Prunus persica (hueso de durazno o almendra de melocotón, empleada como antiparasitario), Rosmarinus officinalis (romero, tónico digestivo), Equisetum hyemale (cola de caballo, diurético), Tilia mexicana (flor de tila, sedante) y Morus alba (morera blanca, usada en diabetes). Todas estas se consumen libremente en la población y se les han atribuido casos de daño hepático. Por ejemplo, el romero y la tila, que se toman en infusiones aparentemente inocuas, han llegado a asociarse con hepatitis aguda en algunos pacientes susceptibles. La cola de caballo (diurético popular) contiene tiaminasa y en exceso puede causar déficit de tiamina y toxicidad; se han descrito toxicidades hepáticas atribuibles a su consumo crónico. Otra planta notable es la gobernadora o hediondilla (Larrea tridentata), cuyo uso etnomedicinal para dolores articulares llevó a su comercialización en cápsulas; en México fue señalada por COFEPRIS debido a varios casos de hepatitis tóxica severa que motivaron retirar productos que la contenían (“chaparral”) del mercado naturista.

En cuanto a marco regulatorio, México ha integrado la herbolaria en algunas normas: existe un registro de “medicamentos herbolarios” avalados por la Secretaría de Salud, pero muchos preparados tradicionales se venden como suplementos dietéticos, escapando a la supervisión farmacéutica. La COFEPRIS (autoridad sanitaria) ha emitido alertas sobre ciertos suplementos peligrosos –por ejemplo, contra la “semilla de Brasil” adelgazante adulterada– pero la fiscalización es compleja debido a la venta en línea y la importación informal. En resumen, México enfrenta el reto de garantizar la seguridad de los remedios herbales ampliamente utilizados sin desalentar su uso tradicional. La educación al público y a los profesionales de la salud es clave para reconocer signos de toxicidad por hierbas y preguntar activamente a los pacientes sobre su consumo.

Riesgos en adultos sanos vs. pacientes con enfermedad renal crónica

Un aspecto crítico es que lo que puede ser relativamente seguro para un adulto sano, podría no serlo para alguien con enfermedad renal crónica (ERC). En la ERC, la función excretora de los riñones está reducida, por lo que el cuerpo no puede eliminar adecuadamente muchos compuestos. Esto significa que sustancias de hierbas que un individuo sano excreta sin problema, podrían acumularse a niveles tóxicos en un paciente renal. Además, pacientes con ERC a menudo toman múltiples medicamentos, aumentando el riesgo de interacciones hierba-fármaco.

La carambola (fruta estrella, Averrhoa carambola) es un ejemplo de fruta exótica inocua para la mayoría, pero potencialmente mortal en pacientes renales. Contiene ácido oxálico y la neurotoxina caramboxina, que los riñones sanos eliminan; en cambio, en personas con insuficiencia renal la toxina se acumula y afecta el cerebro, provocando confusión, hipo, convulsiones e incluso la muerte. En efecto, se han documentado múltiples casos de neurotoxicidad por carambola en pacientes con ERC avanzada, presentando crisis convulsivas refractarias tras ingerir la fruta. Por ello, se prohíbe el consumo de carambola en dietas de diálisis, a pesar de ser una fruta nutritiva, ya que sus riesgos superan sus beneficios en esta población. Este caso ilustra un principio general: muchas hierbas o suplementos no han sido estudiados en personas con función renal reducida, y podrían ocasionar efectos inesperados. Por ejemplo, la ortiga (Urtica dioica) y el diente de león (Taraxacum officinale), usados como diuréticos naturales, contienen altos niveles de minerales (potasio) y pueden precipitar hiperpotasemia en nefropáticos. La alfalfa y el noni, ricos en potasio, igualmente suponen un riesgo para quienes deben limitar este electrolito. Otra consideración es que algunos remedios herbales pueden causar deshidratación (p. ej., laxantes como senna o diuréticos como cola de caballo), lo cual reduce la filtración glomerular y puede agravar una insuficiencia renal preexistente. Se han visto casos de daño renal agudo por abuso de laxantes “naturistas” a base de sábila (aloe) o cáscara sagrada, debido a la pérdida masiva de líquidos y electrolitos.

Asimismo, pacientes con ERC frecuentemente toman fármacos potentes (ej. inmunosupresores en trasplantados). Ciertas hierbas pueden interferir en el metabolismo de estos medicamentos: la Hierba de San Juan (Hypericum perforatum, antidepresivo natural) induce enzimas hepáticas CYP450, reduciendo niveles de ciclosporina o tacrolimus y ocasionando rechazo de trasplante renal por sub-dosificación. Por el contrario, hierbas como manzanilla o incluso toronja (pomelo) inhiben esas enzimas y pueden elevar niveles del inmunosupresor, aumentando su nefrotoxicidad. Así, en el contexto de ERC o trasplante, el consumo de hierbas sin supervisión médica es especialmente riesgoso. De hecho, organismos internacionales como la National Kidney Foundation enfatizan que muy pocas hierbas han sido probadas en población con enfermedad renal, y recomiendan extrema precaución: aquello seguro en personas sanas podría ser peligroso en un paciente renal. También advierten que los productos herbales no indican claramente su contenido real ni están libres de contaminantes, por lo que el paciente renal se expone a compuestos desconocidos. Por ejemplo, un preparado de medicina tradicional china reportado en Latinoamérica causó nefritis intersticial aguda en una joven con ERC, al contener inadvertidamente ácido aristolóquico. En suma, los pacientes con enfermedad renal crónica deben evitar la automedicación herbaria a menos que sea bajo consejo de su nefrólogo, ya que su condición los vuelve particularmente vulnerables a cualquier toxicidad.

Dosis, mecanismos de toxicidad y síntomas asociados

La toxicidad de un producto natural depende a menudo de la dosis y duración de uso, aunque existen reacciones idiosincrásicas (impredecibles) aún con dosis “normales”. Podemos clasificar las reacciones en tres tipos principales:

  • Toxicidad intrínseca (dependiente de la dosis): Ocurre cuando el agente contiene compuestos que en dosis altas son directamente dañinos. Suele manifestarse de forma relativamente consistente en la mayoría de las personas expuestas a suficiente dosis. Ejemplo: El ácido oxálico en ciertos vegetales (espinaca, ruibarbo) puede causar lesión renal aguda por cristalización si se ingiere en cantidades masivas; la caramboxina de la carambola produce convulsiones en cualquiera que no pueda excretarla. Clínicamente, estas toxicidades intrínsecas se presentan pronto tras la exposición (días). En el hígado, un tóxico intrínseco típico es el alicina epóxido del poleo, que al saturar las vías metabólicas causa necrosis hepática fulminante.

  • Toxicidad idiosincrásica: No depende directamente de la dosis ni ocurre en todos los consumidores, sino por predisposiciones genéticas o inmunológicas. Tiene una latencia variable (puede aparecer en semanas o incluso años de uso). Muchas hepatotoxicidades herbales son de tipo idiosincrásico, similares a las inducidas por fármacos. Ejemplo: La hepatitis por té verde suele ser idiosincrásica –solo algunos individuos reaccionan con inflamación hepática severa, probablemente mediada por el sistema inmune. Se han propuesto asociaciones con ciertos alelos HLA que explicarían esta susceptibilidad. En riñón, algunas nefritis intersticiales inmuno-alérgicas por hierbas encajan en este tipo (p. ej., reacciones alérgicas a contaminantes o propias proteínas de la hierba). Los síntomas pueden simular hepatitis aguda viral (ictericia, malestar, elevación de transaminasas) en el caso hepático, o nefritis aguda (fiebre, rash, falla renal rápida) en el caso renal.

  • Toxicidad indirecta: Ocurre cuando el producto desencadena efectos secundarios que a su vez dañan órgano blanco. No es tanto el compuesto en sí dañando las células, sino efectos fisiológicos colaterales. Ejemplo renal: Hierbas con efecto laxante o diurético potente pueden causar deshidratación y desequilibrio electrolítico, llevando a lesión prerrenal o nefropatía por cristales (p. ej., abuso crónico de senna causó nefropatía por cristales de ácido úrico en casos reportados). Otro ejemplo es la rabdomiólisis por efedrina/ma huang (un estimulante herbario): la destrucción muscular libera mioglobina que tapa los túbulos renales, causando insuficiencia renal aguda. Ejemplo hepático: Ciertos suplementos culturistas “naturales” elevan el metabolismo androgénico y provocan colestasis e hígado graso (similar a esteroides anabólicos), dañando el hígado de forma indirecta. La latencia aquí puede ser intermedia (semanas a meses).

En términos de síntomas asociados a la toxicidad por hierbas, estos varían según el órgano afectado y la sustancia involucrada:

  • Síntomas de nefrotoxicidad: Van desde manifestaciones sutiles hasta fallo renal franco. Inicialmente puede haber reducción del volumen de orina, hinchazón en pies (edemas) o elevación silenciosa de creatinina en exámenes. Algunas lesiones tubulo-intersticiales causan poliuria y sed (por incapacidad de concentrar orina). La nefropatía por ácido aristolóquico típicamente se presentó con creatinina elevada inexplicada, anemia marcada, orina con poca proteína, glucosuria y piuria estéril. Si progresa, el paciente desarrolla síntomas de uremia (náuseas, fatiga, confusión). Ciertas hierbas producen síndromes particulares: el frijol djenkol (consumido en Asia) causa un síndrome de cólico renal agudo por cristaluria (“djenkolismo”); algunos hongos nefrotóxicos (ej. Cortinarius orellanus) ocasionan sed intensa, dolor lumbar y fallo renal retardado días después de la ingesta. Las hierbas diuréticas (buchú, uva ursi, enebro) pueden dar desde irritación renal con hematuria hasta insuficiencia aguda si se combinan con deshidratación. Es importante destacar que el daño renal inducido por hierbas puede ser irreversible (fibrosis) si no se detecta a tiempo. Por ello, ante cualquier deterioro inexplicado de la función renal, el médico debe indagar sobre consumo de productos herbales.

  • Síntomas de hepatotoxicidad: También varían. Muchas veces imitan una hepatitis viral aguda: el paciente presenta ictericia (piel y ojos amarillos), orina oscura, heces pálidas, náusea, fatiga, dolor en cuadrante superior derecho y elevación de enzimas hepáticas. Esto se ha visto, por ejemplo, en casos de hepatitis por chaparral, kava, noni, té verde, black cohosh, etc. En otros casos la presentación es colestática (predomina picazón en piel, ictericia y bilirrubinas muy elevadas, más que las transaminasas) – así ocurrió en algunos pacientes con daño hepático por suplementos culturistas multi-ingrediente. También puede haber formas crónicas sutiles: consumo prolongado de productos con pirrolizidinas (consuelda, gordolobo, ciertos tés) puede conducir a hipertensión portal y hepatopatía crónica silenciosa. Un caso extremo es la hepatitis fulminante, donde en cuestión de semanas el hígado deja de funcionar (encefalopatía hepática, coagulopatía); esto, aunque raro, ha sido atribuido a hierbas como el poleo (menta) y suplementos adulterados. Cabe señalar que en la literatura se han reportado defunciones por lesión hepática fulminante asociada a productos herbales –afortunadamente infrecuentes– y varios pacientes han requerido trasplante hepático de urgencia (p. ej., con kava, con suplementos de dieta). Por tanto, cualquier síntoma de hepatitis en alguien que consuma hierbas debe investigarse suspendiendo inmediatamente el producto sospechoso y notificando a las autoridades sanitarias.

Finalmente, es importante mencionar que la toxicidad combinada (riñón e hígado) puede ocurrir. Ciertos compuestos dañan ambos órganos: por ejemplo, el ácido oleanólico presente en hojas de romero y otras Lamiáceas puede causar tanto hepatotoxicidad como nefritis intersticial. La germander (Teucrium chamaedrys, usada para perder peso en Francia) contenía diterpenos que producían hepatitis aguda y también disfunción renal en algunos casos. En la práctica clínica, cuando un paciente refiere uso de suplementos y presenta disfunción de cualquier órgano, se debe considerar la posibilidad de una lesión inducida por hierbas (HILI/DILI). Los profesionales de salud en Latinoamérica están llamando a incrementar la farmacovigilancia de productos herbales, pues actualmente muchos casos pasan desapercibidos o no se registran formalmente.

Conclusiones

La medicina herbolaria en Latinoamérica ofrece valiosos recursos terapéuticos tradicionales, pero no está exenta de riesgos. En los últimos 20 años se ha acumulado evidencia de que docenas de hierbas y suplementos “naturales” pueden provocar toxicidad renal o hepática en ciertas circunstancias. Entre las sustancias nefrotóxicas destacan el ácido aristolóquico (hierbas chinas y locales), alcaloides pirrolizidínicos (varias “malezas” medicinales), aristolochias, algunas plantas con cristales u oxalatos (p. ej. carambola), y contaminantes como metales pesados presentes en preparados tradicionales. Asimismo, se han implicado en hepatotoxicidad productos tan variados como infusiones comunes (romero, menta, tila), suplementos dietéticos comerciales (batidos multi-nutrientes, extractos de té verde), hierbas etnobotánicas (chaparral, kava, consuelda, poleo) y frutas exóticas (noni). En Latinoamérica y México, el consumo de estas hierbas es habitual y generalmente sin supervisión médica, lo que aumenta el riesgo de usos inapropiados (dosis altas, combinación con medicamentos, uso en pacientes vulnerables).

Para reducir estos riesgos sin “demonizar” la herbolaria, es necesario: educación de la población sobre el principio de que natural no significa inofensivo, capacitación de los profesionales de salud para reconocer y reportar casos de toxicidad por hierbas, y regulación más estricta de los suplementos herbales (etiquetado claro, control de calidad de ingredientes, vigilancia posmercado). Los pacientes –especialmente aquellos con enfermedad renal crónica o hepática– deben consultar a su médico antes de tomar cualquier remedio herbario o “suplemento”. Un enfoque de “principio de precaución” es prudente: usar solo productos de origen confiable, en dosis moderadas, y evitar las combinaciones riesgosas. Recordemos que muchas medicinas modernas derivan de plantas, pero también muchos venenos lo hacen; la diferencia entre un remedio y un tóxico suele estar en la dosis y el contexto de uso. Con información basada en evidencia, podemos respetar la riqueza de la medicina tradicional latinoamericana a la vez que protegemos la salud de quienes la utilizan, previniendo daños renales y hepáticos prevenibles.

Referencias Seleccionadas:

  1. Jain A, Olivero JJ. Herbal Nephropathy. Methodist DeBakey Cardiovasc J. 2019;15(3):228-230.

  2. Alonso-Castro AJ et al. Medicinal Plants from North and Central America and the Caribbean Considered Toxic for Humans: The Other Side of the Coin. Evid Based Complement Alternat Med. 2017;2017:ID 9439868.

  3. Ortega-Chavarría MJ et al. Medicina herbolaria como causa de hepatotoxicidad. Mitos y realidades. Medicina Interna de México. 2022;38(5):1019-1024.

  4. National Kidney Foundation (NKF). El uso de Suplementos de Hierbas en la Insuficiencia Renal Crónica. NKF Publicación en Español.

  5. National Kidney Foundation (NKF). Why You Should Avoid Eating Starfruit. NKF Patient Information (2026).

  6. Crezo A. FDA update: These supplements contain toxic yellow oleander. Center for Science in the Public Interest (CSPI), Nov 3, 2025.

  7. Correa P. Lo que tal vez no mencionó tu asesor de Herbalife. AméricaEconomía, 30 Junio 2017.